viernes, 26 de enero de 2018
Catisa: ¿pudo hacer el Govern de las Illes Balears algo más?
lunes, 5 de septiembre de 2011
La liquidación de Catisa sigue pendiente. Menorcadiario
El principio del fin de la histórica fábrica que fue en su día uno de los más sólidos pilares en la creación e implantación de las ferias sectoriales de bisutería a nivel nacional, empezó a escribirse en 1999, con la venta de la firma al empresario catalán Josep Maria Drudis. Bajo su dirección, los problemas empezaron a multiplicarse. Durante la etapa de Drudis al frente de Catisa (1999-2001), se acumularon deudas y más deudas. Según consta en el informe concursal, el endeudamiento alcanzado en esta etapa por la empresa acabaría siendo “trascendental”. Drudis trató, “literalmente”, de “hundir la empresa” para “aprovecharse del valor de los terrenos donde se ubicaba” y sobre los que tenía una opción de compra.
En septiembre de 2003, el exdirector general de Economía del Govern, Antoni Monserrat, se incorporó como director general de Catisa. Se inició así una nueva etapa de modernización de la estructura productiva y organizativa de la en otro tiempo pujante fábrica, que llegó a ocupar en sus mejores momentos a 154 trabajadores. Monserrat gestionó la compra de todos los activos de la empresa bilbaína Industrias Aguinagalde (Indagui), fundada en 1912 y especializada en la fabricación de fornituras para bisutería, joyería y platería, y planificó el complejo trasladando la fábrica a una nave de 2.050 metros cuadrados en el polígono de Maó. La confianza empresarial del proyecto parecía revivir, pero la repentina muerte de Antoni Monserrat (Palma, 1954-2006) y los efectos devastadores de la crisis se encargaron de impedirlo. El exdirector general de Economía del Govern, promotor del I Congrés d’Economia de Balears, moría sin poder ver terminado su sueño de salvar la empresa.
viernes, 17 de septiembre de 2010
lunes, 22 de febrero de 2010
Les empreses menorquines sofreixen la crisis, a Menorca.info
Seis empresas tienen procesos concursales en los juzgados
Las sociedades menorquinas con problemas de insolvencia son minoría en un ejercicio, el 2009, en el que más de 200 mercantiles de Balears instaron la situación de concurso para afrontar sus deudas
Seis empresas menorquinas constan en los juzgados de Lo Mercantil 1 y 2 de Palma con procesos concursales instados durante 2009, la mayoría de ellas a petición propia, para poder afrontar sus deudas, salvo dos dedicadas al ramo de la construcción, que se declararon en dicha situación a instancias de sus acreedores. La cifra de sociedades de Balears con problemas de insolvencia y procedimientos abiertos en los juzgados en el último ejercicio ascendió a 209.
Entre dichas firmas locales se encuentran Carretero y Timoner S.A. (CATISA), las sociedades limitadas Jaime Pons Sintes, Nova Minorica Management, Construcciones Guarino Camacho y Obras Menorca, y Can Pep Sociedad Civil. La primera de ellas, CATISA, ha sido uno de los casos sonados de la crisis y sus efectos en el sector bisutero, con el cierre de una de sus empresas más veteranas. Construcción, calzado, viviendas vacacionales y restauración son los sectores en los que se enmarcan las otras sociedades con procesos concursales en marcha, aunque eso no significa que todos esos procedimientos concluyan en la liquidación y consecuente desaparición de las empresas del mercado.
La caída se frena
Según datos del Observatorio de Trabajo de la Conselleria balear de Trabajo y Formación, el año 2009 comenzó con un total de 3.518 empresas en alta en el régimen general de la Seguridad Social (compañías con trabajadores a su cargo) y finalizó con 3.352, con un pico en la creación y funcionamiento de mercantiles que se registró en el mes de julio, con 4.193 empresas dadas de alta.
El peor momento en cuanto a la destrucción de empresas en Menorca se vivió durante el primer trimestre de 2009, con un descenso en el número de mercantiles del 7,9 por ciento, y se mantuvo en el segundo trimestre, con un 7,5 por ciento. La caída disminuyó durante el resto del año, con porcentajes del 6,9 por ciento en el tercer trimestre y del 5,3 por ciento en el cuarto trimestre de 2009.
Los datos, facilitados por la Conselleria insular de Servicios Generales y Trabajo y extraídos del Observatorio de Trabajo balear, indican que en 2008 se produjo un estancamiento en el número de empresas y en 2009 la crisis golpeó de lleno al tejido productivo insular."La situación de caída se ha ido frenando y ahora esperamos que en los próximos meses remonte y empiece a crearse empleo", declaró ayer el conseller menorquín de Trabajo, Gabriel Subirats.
En cuanto al número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social, el año pasado se cerró con 25.909 personas dadas de alta, frente a las 27.415 con las que se inició el ejercicio, en enero. Julio repitió como el mes con máxima población afiliada, 34.914 trabajadores. En relación a los regímenes de afiliación, se pasó de 19.591 trabajadores de alta en régimen general en enero a 18.252 en diciembre, mientras que el número de autónomos descendió un 4,5 por ciento en 2009, con una media anual de 7.220, mientras que en 2008, según explicó Subirats, el número de autónomos había aumentado un 1,8 por ciento.Los trabajadores autónomos sumaron 7.014 en enero de 2009 para pasar a un total de 6.791 en diciembre, mientras que en el mes álgido de la temporada, julio, se registraron 7.583 autónomos.
F. Saborit, Maó 21/02/2010
jueves, 18 de junio de 2009
Noticia d'avui a Ultima Hora Menorca sobre el tancament de Catisa

Catisa: una luz al final del túnel
La aprobación del ERE permite a los trabajadores acceder al paro y acudir al Fondo de Garantía Salarial para cobrar lo que se les debe
F.A.M. El cierre de una fábrica emblemática y cincuentenaria de Maó como la de Catisa no puede ser nunca una buena noticia, pero que sus trabajadores puedan empezar a ingresar algún dinero tras más de medio año sin cobrar supone al menos una pequeña luz en este largo túnel. La aprobación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado a instancias de los representantes sindicales permite, ahora sí, a la plantilla de 31 trabajadores solicitar el subsidio del paro y acudir al Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) para cobrar las más de seis mensualidades que se les deben o, como mínimo, la parte correspondiente a los 150 días de trabajo y 20 días por año trabajado de indemnización que cubre el citado ente. El resto deberá ponerlo, si puede, la empresa, cuyos responsables se reúnen mañana con los trabajadores, que ayer ya no acudieron a la fábrica, para explicarles los pasos a seguir para empezar a cobrar el paro lo antes posible. Sensación agridulce Tal y como constató el secretario general de Comisiones Obreras (CCOO) en la Isla, Ramón Carreras, las sensaciones que viven estos días los 31 trabajadores son «agridulces», ya que se mezclan el fin de la incertidumbre sobre cuanto tiempo más estarán sin cobrar, por un lado, y la siempre dramática situación que supone la pérdida del empleo, por otro, más acentuada entre aquellos empleados de edades avanzadas que se enfrentan, con sólo dos años de paro, a un mercado laboral en horas bajas. «El problema estalló en el año 2000 y hay gente que ha luchado mucho durante estos nueve años para salvar esto», explicó Carreras, quien en los próximos días se reunirá con la plantilla y la empresa para calcular con exactitud las cantidades que se adeudan a cada trabajador. Lo que no cubra el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA), es decir, todo aquello que supere los 150 días de trabajo, «es una deuda que se cobrará en función de si hay dinero para pagarles o no lo hay», explicó Carreras. A partir de ayer, la única actividad que registrará la fábrica será la de los cinco trabajadores que hasta mañana o hasta el lunes, a lo sumo, se encargarán, de forma completamente voluntaria, de ir terminando los pedidos pendientes. La crisis económica y la caída fulminante del 40% en la facturación de Catisa que ésta ha provocado han sido la puntilla para convertir el cierre de la empresa en una realidad, después que ni el préstamo de 200.000 euros del Govern balear del pasado verano ni los 500.000 que ha desembolsado la empresa los últimos años pudieran evitar el concurso de acreedores, primero, ni el Expediente de Regulación de Empleo, después. La deuda de 1,5 millones de euros con Hacienda y la Seguridad Social heredada de la gestión anterior y el costoso traslado que se acometió prácticamente sin ayuda económica de ningún tipo han impedido finalmente el reflote de la empresa que cincuenta años después se despide de Maó. El responsable económico de la fábrica de Catisa en Maó, Pau Montserrat, hijo del anterior director de la empresa, expresó ayer una sensación de «tristeza» ante la consumación del cierre de «una fábrica emblemática de Maó de más de 50 años de historia y sin habernos sentido arropados por el Govern balear». «Está claro que si no queda más remedio que cerrar no se puede culpar al Govern, pero sí que pensaba que se involucraría mucho más en la situación de los trabajadores, ni que fuera en el plano más personal», reconoció Montserrat, que tiene previsto reunirse con los 31 trabajadores mañana para explicarles cómo irá el proceso que debe permitirles empezar a cobrar cuanto antes el subsidio del paro. «La palabra que mejor define sus sentimientos es la de haberse sentido desamparados», aseguró el economista en relación a los meses que llevan los trabajadores sin cobrar. «Probablemente sin una caída de la facturación tan fuerte y algo de ayuda institucional podríamos estar capeando el temporal», apuntó Montserrat, que lamenta que «el Govern decidiera desde un principio no intervenir, porque no la debería considerar una empresa estratégica».







